Todas las fotos y todos los vídeos del viaje a Oporto de junio de 2026: click aquí
Llevo tiempo escribiendo este mensaje en diferentes entradas de mi blog, de diversas maneras: “Llevo una racha sin poder viajar mucho, pero a partir de tal fecha volveré a viajar más”.
La verdad es que entre una cosa y otra… Aunque ya estoy perfecta de salud, en 2026 aún me estoy recuperando económicamente de la compra de un piso y he estado también muy liada en general. Total, que este año sólo he podido hacer un viaje, y tiene pinta de que no haré ninguno más hasta 2027.
Tanto por el tema económico (quería que fuera un viaje barato), como porque quería que el destino se pudiera ver rápido y relajadamente (quería que fuera una ciudad pequeña, poco estresante), como por el hecho de que quería que estuviera dentro de la península ibérica por si se cancelaban vuelos con el tema de la subida del petróleo (por lo del estrecho de Ormuz), decidí que mi destino estaría en Portugal. Y como ya había estado en Lisboa (click aquí), esta vez elegí Oporto.
Si bien Oporto me ha encantado y creo que he acertado en la elección del destino, como yo nunca miento sobre mis viajes ni pretendo ser influencer (XD), sino que escribo aquí para mí misma porque me gusta, tengo que decir que el viaje ha sido… Raro… En el sentido de que yo suelo llevarme listas de sitios que ver, planificar mucho y aprovechar bien los días de estancia… Sin embargo, en esta ocasión llevaba una lista, pero de los cinco días que he estado en Oporto, sólo he aprovechado en condiciones los dos últimos.
Esto se ha debido a que llegué a Oporto como con la batería baja. No sé qué me ha pasado, si ha sido hormonal o qué… Pero los primeros días lo único que me apetecía era vaguear… De hecho, por lo visto eran las fiestas de San Juan (creo que el 23 de junio) allí en Oporto, y me las perdí porque ni siquiera me enteré a tiempo.
Pero bueno, en mi defensa tengo que decir que el jueves 25 por fin me espabilé y me fui para la zona del río, que es la que merece más la pena… Además, fui sin lista, sin mochila (siempre suelo llevar mi mochila con paraguas, agua, compresas, pañuelos, el cargador del móvil…) y sin nada más que mi móvil y un paquete de pañuelos en los bolsillos, a lo intrépida total. Eso sí, en mi funda del móvil llevaba: la tarjeta de acceso del hotel (sí, ya sé que dicen que ahí se desconfigura, pero a mí no me suele ocurrir, y si no la meto ahí, la pierdo… Si algún día se me desconfigura, ya me la volverán a configurar en recepción), la tarjeta bancaria, el DNI y un billete de 20 euros.
Y empecé a improvisar… Primero, bajé en el teleférico hasta la zona del río. Cosa que yo creía que me iba a dar miedo, conociéndome, pero afortunadamente no fue así.
Abajo compré dos cajas de pastelitos de nata (supuestamente eran una para mí y otra para un amigo que me había pedido que le llevara pasteles de Portugal, pero yo me comí poco a poco una estando en Oporto, y la otra poco a poco estando ya en casa, cuando ya había regresado, así que mi amigo se ha quedado sin pasteles) y una botella grande de agua.
Y luego empezó a lloviznar, pero eso no me detuvo: con mi bolsita de pasteles y mi botella, me acerqué a donde estaban los barcos que hacen tours por el río, a ver si podía comprar un ticket para alguno de ellos, pero no veía a nadie vendiendo nada… Entonces, se me acercó un nota con unos folletos y me dijo que lo siguiera si estaba buscando un barco para hacer el recorrido por el río.
Recordaba que, cuando fui a NYC (click aquí), había visto vídeos que desaconsejaban comprarles los tickets de ferris a cualquiera que te encontraras por ahí, porque eran estafas. Pero como estaba más perdida que el barco del arroz (nunca mejor dicho), decidí seguir al tipo, a ver si por un casual no me secuestraba, ni asesinaba, ni estafaba, sino que efectivamente me ayudaba a encontrar lo que yo quería.
Bajo la leve lluvia, me tuvo andando un rato, pasando cerca de barcos turísticos, hasta que llegamos al que más lejos estaba: un barco con decoración rústica, como si fuese todo de madera. Allí mismo pagué el ticket y me dejaron entrar.
El recorrido me gustó porque, además, dejó pronto de llover y pudimos disfrutarlo en condiciones. Digo "pudimos" porque en ese barco íbamos tres turistas: una pareja de argentinos que me hizo el favor de hacerme varias fotos (muy amables) y yo. Me esperaba que el barco fuera más abarrotado, ya que antes de entrar había visto salir a mucha gente del mismo, pero se ve que, como justo antes había llovido un poco, en esa ocasión sólo nos habíamos atrevido tres intrépidos.
Tras pasar por varias zonas bonitas y por debajo de varios puentes, incluyendo el famosete (el de Don Luis), volvimos al mismo punto del que habíamos salido. Creo que el recorrido duró unos 50 minutos aproximadamente.
Antes de volver a tomar el teleférico de vuelta a la parte de arriba, almorcé unos gnocchis en un mercado que había al lado de donde estaba la estación del teleférico.
Y ya después de eso, estaba cansada, así que volví a tomar el teleférico hacia arriba, hice fotos desde el mirador de la estación y me volví al hotel.
Respecto al tema gastronómico de los días previos, sólo recuerdo que fui comiendo en diferentes sitios, y que los más destacables fueron una hamburguesería llamada Mayland y un restaurante italiano que había justo en frente del hotel. También compré agua mineral y comida en un supermercado Auchan que había también en frente del hotel, y guardé las cosas en la nevera de la habitación, por lo que a veces cenaba o desayunaba en la propia habitación.
Sin embargo, al día siguiente, ya el día 26, me propuse probar el plato más típico de Oporto: la francesinha.
Para ello no tenía claro a dónde ir, así que decidí ir a la famosa estación de tren que se supone que es tan bonita, y desde allí, ver dónde me convenía degustar la francesinha. La verdad es que la estación no me pareció para tanto...
Después de hacer un par de fotillos a dicha estación, empecé a dar vueltas por Oporto, hasta que accidentalmente terminé en un mercado. No el mismo del otro día, ya que el día 26 no volví a subir en el teleférico ni nada de eso… Era un mercado que no estaba tan cerca del río.
Y sí, allí pude por fin degustar el plato típico.
Tras aquello, volví al hotel y di un poco por zanjado lo obligatorio que hay que ver o hacer en Oporto. Sé que si no hubiera sido tan perra podría haber visto museos, la catedral, la torre de los Clérigos (aunque eso sí lo vi desde fuera) o alguna bodega de vino de Oporto… Pero bueno, al menos aproveché los dos últimos días, y la verdad es que creo que lo más importante sí que lo experimenté.
Por cierto, al final NO he cumplido lo que escribí en esta entrada: click aquí. El viaje ha sido en junio, sí, pero a Oporto. Visitaré alguna de esas otras ciudades más adelante.
Todas las fotos y todos los vídeos del viaje a Oporto de junio de 2026: click aquí












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