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domingo, 25 de septiembre de 2016

Erasmus: primeras semanas

En fin, ya llevo unas cuantas semanas en Konstanz, y voy a escribir por fin mi primera entrada.

Lo primero que he querido hacer es ubicar Konstanz en el mapa, y me he dado cuenta de que Google lleva cuenta de mis viajes. Hace dos años ya que estuve en Dublín, pero Google es tan listo, que me marca con estrellitas Sevilla, Dublín y Liverpool. Y en Konstanz, donde estoy ahora, me pone un puntito azul. Lo de las estrellitas debe ser porque guardé en favoritos alguna dirección y ni me acuerdo… O alguna otra explicación similar habrá.



El caso es que Konstanz está en la frontera entre Suiza y Alemania, lo cual me ha dado muchos problemas con el móvil, que quería conectarse al operador suizo (creo haberlo resuelto, tocaré madera…).

Llegada a Konstanz

Cuando aterricé en Madrid tras la estancia en Liverpool, pasé tres noches en un hostal, en el distrito de Barajas. Allí no me moví mucho, simplemente conocí los alrededores del hostal: utilicé una lavandería, comí en un restaurante de la zona, imprimí la tarjeta de embarque en una papelería… Para conocer Madrid, ya iré en otra ocasión, porque tenía la cabeza totalmente en el viaje que me esperaba, y no en Madrid.

Por fin, llegó el día del viaje a Konstanz. Desde el hostal, me llevaron al aeropuerto (al parecer, ese traslado te lo incluyen), donde tenía que tomar el vuelo a Zúrich. Todo fue sobre ruedas y me planté en Zúrich, no sin antes tener que esperar unas horas en el aeropuerto de Madrid, comer algo y tal, claro…

En Zúrich, no hubo problemas con mi maleta (siempre hay un momento de tensión cuando esperas en una cinta de equipaje de un aeropuerto… ¿Saldrá o no saldrá? Pero salió, salió…). Una vez que tuve la maleta en mi poder, me dispuse a localizar la estación de tren, preguntando en inglés a diestro y siniestro. Por suerte, está pegando al aeropuerto, así que no tardé en tomar el tren a Konstanz.

La pura verdad es que no sé cuánto tardé de Zúrich a Konstanz… Puede parecer increíble que no lo sepa, pero no lo cronometré, y no sé si sería por el cansancio, pero mi mente estuvo en los mundos de Yupi durante todo el trayecto, así que ni idea… Cuando tenga que volver a Sevilla en navidades, tengo que preguntarle a algún compañero cuánto se tarda de Konstanz a Zúrich.

El caso es que cuando llegué a Konstanz, era ya de noche (no necesariamente porque hubiera tardado mucho en el tren, es que cuando llegué a Zúrich ya serían las 7 o las 8, y aquí anochece temprano ya).

Busqué en el Copilot (no podía usar Google Maps, no tenía Internet) una dirección en la cual tenía que recoger la llave de mi residencia, ya que se suponía que me la habían dejado dentro de una caja. Vi que la dirección en cuestión no estaba demasiado cerca de la estación… Era de noche, llevaba la maleta… Total, que cogí un taxi. Me comuniqué con el taxista simplemente enseñándole la dirección a la que quería ir.

Una vez allí, me puse a buscar la bendita caja… … … Me sentía más perdida que una cabra en un garaje, y se me debía notar, porque un español que pasaba por allí, se apiadó de mí y me salvó la vida. El chaval me dijo dónde estaba la caja en cuestión, metimos el código cuatro veces, y a la cuarta, por fin se abrió (menos mal). Con mis llaves en nuestro poder, nos dirigimos a la que será mi residencia este curso, ya que estaba cerca, y el chaval se portó tan bien que me acompañó. No he vuelto a ver a ese chico, porque no es de mi universidad, sino de la otra (hay dos en Konstanz), pero si lo vuelvo a ver, le debo una cerveza alemana.

Tengo que decir que el piso no está mal, nada mal. Me esperaba uno de seis habitaciones, y… Resulta que está dividido en dos plantas que no están comunicadas entre sí (¿para qué lo meten todo en el mismo saco entonces?), por lo que, en realidad, se puede decir que comparto piso solamente con otras dos personas (dos alemanes), ya que tenemos un baño y una cocina para nosotros tres. Mucho mejor tener que compartir con dos personas que con cinco, que era lo que me esperaba.

La conexión a Internet no la tenemos incluida en la residencia… En la mayoría sí la tienen, pero en la mía no. La mayoría de la gente tiene una pedazo de conexión por cable… Nosotros tenemos que costearnos Internet por nuestra cuenta, por lo que tengo un WiFi de mierda (porque va fatal), del que además, tendré que pagar parte, lógicamente. PERO tengo que decir que no deja de ser una grata sorpresa que ya estuviera eso resuelto cuando llegué, ya que pensaba que ni siquiera tendría Internet. Y total, aquí no puedo descargar nada de todas formas (me multarían), así que con que la conexión me vaya bien para el Netflix (que de momento funciona, salvo raras ocasiones en las que se queda pillado), pues perfecto.

Además, aunque en nuestra residencia no tengamos incluido Internet, tenemos una gran ventaja: la colada es gratis (bueno, quitando que tenemos que comprar nuestro propio detergente, claro). Me explico: en el sótano del edificio hay dos lavadoras y dos secadoras, las cuales podemos usar gratuitamente. En la mayoría de las residencias, la lavandería es de pago. Además, mi residencia es de las más baratitas.

En fin, volviendo al día en que llegué… Como digo, el piso no está mal, la habitación no es ningún zulo, el baño está bien… Pero… Cuando vi la cama me sorprendí (ojo, que no quiero decir que esté mal…). El chaval que me ayudó, me advirtió por el camino que suele ser un colchón sin almohada, ni sábanas, ni colcha, y que te tienes que comprar normalmente la almohada y la ropa de cama. Así que tuve suerte, porque el anterior inquilino debió dejar el cojín y la colchita que me encontré cuando llegué, y que de momento, me están haciendo muy buen apaño. Pero, como decía, al ver la cama me sorprendí… Porque es tremendamente bajita… Ya me he acostumbrado y no pasa nada, pero es casi, casi, casi un colchón en el suelo. No tiene canapé, ni somier, sino una tabla con ruedas.


Conociendo el entorno

En fin, los primeros días me dediqué a conocer los alrededores de mi residencia. Hay dos supermercados a una distancia medianamente razonable (Edeka y Kaufland), un Mediamarkt también cerquilla… Y estoy, como mucho, a 10 minutos a pie de la que va a ser mi Escuela. Además, tengo en mi misma calle una panadería, un kebab, una pizzería y una peluquería.

La ciudad es muy bonita, y sin duda, debería hacer más fotos de las que he hecho hasta ahora, pero como voy a pasar un año aquí, me lo estoy tomando con calma.





Tengo que ir al centro a conocerlo mejor, porque sólo he estado de pasada y tiene mucho que descubrir. De momento, me he movido más por la zona universitaria y por el puerto.

Hay bicicletas por todas partes, muchas más que peatones. Si supiera montar, me compraba una de segunda mano. Pero paso de aprender en el extranjero, con el riesgo que eso conlleva… Además, de momento voy andando a todas partes, a pesar de que he comprado un bono de transporte para seis meses, por si en invierno no quiero andar tanto por ahí con el frío.

Otra cosa que también hay por todas partes: arañas. Menos mal que no les tengo fobia (distinto sería si fueran cucarachas, que son mi némesis) y que en mi residencia de momento no hay, pero las encuentras en casi cualquier rincón de la ciudad… Además, señoras arañacas. Les debería hacer fotos…

Otra cosa que también abunda, tanto en Konstanz como en Meersburg (un pueblo que menciono más abajo), son los Zeppelines. No es raro ver alguno en el cielo de vez en cuando.

Programa de orientación

No empiezo las clases hasta octubre, pero los Erasmus tenemos un programa de orientación en septiembre. Este programa consiste en un cursito intensivo de alemán y en algunas excursiones, además de ayudarnos a desenvolvernos por el campus.

El curso de alemán me está pareciendo bastante bueno, y me gustaría continuarlo posteriormente (ando indagando si podré o no podré).

En cuanto al campus… Pues está muy bien… El comedor tiene una relación calidad/precio bastante buena en mi opinión, por lo cual, comeré allí a menudo. Además, se puede escanear e imprimir en determinadas multifunciones que hay en diferentes puntos (aunque pagando, claro, pero no creo que sea caro).

Excursión a Meersburg

Hasta hace unas semanas no me había montado nunca en un ferry, y ya llevo tres veces.

La primera fue en la última excursión que hice desde Liverpool. Fue a un pueblo cercano del cual no recuerdo el nombre… Lo único que recuerdo es que en ese pueblo pasaba algo con los submarinos (quizás habían construido allí el primero, sólo recuerdo que había una estatua del primer submarino), que había un parquecito en conmemoración a no sé qué matanza (será algo que pasaría durante la Segunda Guerra Mundial o vete a saber) y que había un museo de arte. Es que en esa excursión andaba ya con la cabeza en Konstanz… Pero volvimos a Liverpool en tren, no en ferry.

PERO volviendo a Alemania… Ayer cogí un ferry de Konstanz a Meersburg y otro de Meersburg a Konstanz.


Es un pueblo bonito. Almorzamos allí e hice unas cuantas fotos.






En Meersburg hay un museo sobre Zeppelines… Quizás es en Meersburg donde pasa algo con los Zeppelines.

Oktoberfest Konstanz 2016



El vídeo anterior lo grabé en el famoso Oktoberfest.

A ver, puede que la comparación suene basta, pero… Es la feria de Sevilla, versión alemana.

El Oktoberfest de Konstanz por lo visto no es muy grande (aunque a mí me pareció que no estaba nada mal). Al parecer, es más grande el de Múnich, pero es que Múnich me pilla muy lejos… Está también en el Sur de Alemania, pero hacia el Este, mientras que yo estoy en el Suroeste, haciendo frontera con Suiza. Total, que no sé si llegaré a conocer Múnich, espero que sí, pero en cuanto al Oktoberfest se refiere, me conformo con el de Konstanz.

Como iba diciendo, y para quien haya creído que la comparación es efectivamente basta, el Oktoberfest consiste en carpas dentro de las cuales la gente escucha música, baila, se emborracha y come… Algunos de ellos, disfrazados con vestimentas folclóricas. Y pegando a todo esto, dentro del mismo recinto, un montón de atracciones y puestecillos de comida. Quien no vea el paralelismo con la feria de Abril…

Conste que no estoy diciendo que la feria de Sevilla sea mejor, porque de hecho, a mí no me gusta nada el flamenco, me gustaba más la música que se escuchaba en la carpa del Oktoberfest. Tampoco me gusta la manera en la que en Sevilla se explota a los caballos. En el Oktoberfest no se explotan animales. Eso sí, el primer día que vas, tienes que comprar una chapita de mierda por 5 pavos (vamos, que hay que pagar la entrada al recinto). Pero bueno, luego entrar en la carpa esa es gratis (lo que te pidas, ya no, claro).





Algunas fotos me salen borrosas porque estoy teniendo problemas con la cámara del móvil (otra vez... ...).

La vestimenta folclórica en cuestión es la siguiente: los hombres con pantaloncitos cortos de tirantes y un sombrerito. Las mujeres, con un vestidito muy peculiar. Diría que la vestimenta de ambos es un pelín ridícula, pero luego me acuerdo del traje de flamenco de los hombres, con el sombrero y la chaqueta que no les tapa los riñones, y prefiero quedarme callada.

1 comentario:

  1. Raquel! Estás hecha una viajera!! Qué envidia me das, menos por lo de cama bajita, te veo q te caes y duermes en el suelo! Gracias por compartir la experiencia y ánimo!! Un beso desde Los Camachos!!

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