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lunes, 7 de diciembre de 2015

Wargames (1983)



Me alegro mucho de ser informática porque, sencillamente, me gusta mi profesión, pero el otro día recordé la película Wargames... Y... Bueno, no voy a decir que soy informática gracias a esa peli, porque sería una cosa muy absurda. Soy informática porque me encanta programar, entre otras cosas, PERO, sin duda, una de las razones por la que el mundo de la informática me empezó a llamar la atención fue por dicha película, la cual vi cuando era una renacuaja (se estrenó tres años antes de que yo naciera).

De hecho, si me habrá marcado esta peli, que cuando en la clase de Inteligencia Artificial se puso el profesor a mencionar películas de ciencia ficción que tocaban la temática de la Inteligencia Artificial, hasta me indigné un poco de que no la mencionara.

Básicamente, el argumento va de un niñatillo que la lía pardísima... Se trata de un hacker que anda intentando colarse en una máquina cualquiera (no se puede decir ni que fuera un servidor siquiera...) que supuestamente tenía unos juegos que él quería jugar. Pensándolo fríamente, esa historia tiene muchas lagunas, pero bueno... El caso es que al final el chaval cree haberlo conseguido... PEEEEEROOOO en realidad se ha metido en la máquina que controla los misiles de los EEUU (¡toma ya!) y las simulaciones de ataques rusos... (Vamos, que controla las pantallitas en las que los militares estadounidenses ven los simulacros también).

Además, sale Dabney Coleman, un actor que no sé por qué pero me gusta, y que hoy en día ya es bastante viejo, haciendo de doctor... Nunca recuerdo cómo se escribe ese nombre... Doctor no sé qué, un informático que tiene en parte la culpa también de la que se termina liando, pero que se pasa toda la peli confundido sobre... Bueno, me callo, el caso es que seguro que al final el pobre termina perdiendo el empleo (y en el fondo, lo que él decía tenía sentido, pobrecillo).

No esperéis efectos especiales (menos mal, porque los efectos de los 80 algunas veces, ya se sabe...) ni acción absurda. Es una peli que mola por el argumento y por el guión, con esos mensajes filosóficos que manda. Punto. De hecho, recuerdo la conversación entre los niñatillos y el científico amargado (doctor Stephen Falken, ese sí es fácil de escribir) y no le sobra ni le falta nada, es perfecta. O la frase final de la máquina, con doble sentido, uno de ellos antibelicista.

Y bueno... No cuento nada más por no hacer spoiler a quien quiera verla.

En fin, que... Me mola mucho.




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